Yoga Barcelona

Shiatsu

Cuando hablamos de medicina alternativa, la primera reacción es normalmente el escepticismo. En la mayoría de sociedades occidentales aún no confiamos en las técnicas más antiguas de curación, ya sea desde una infusión de hierbas hasta la acupuntura. Nos mostramos escépticos frente a remedios tradicionales, que se han usado desde siglos atrás, pero no nos tiembla el pulso a la hora de tomar pastillas elaboradas con químicos. Es más, creemos que nos van a funcionar. Porque a la hora de medicarnos, el creer tiene un alto componente en la sanación posterior. No vamos a hablar ahora de los miles de experimentos que se han realizado en relación al placebo, pero la conclusión general es que nuestra mente tiene mucho que decir a la hora de combatir problemas de salud. Sabiendo esto, y teniendo en cuenta que siempre podremos volver a nuestro químico preferido, ¿por qué no probar con una técnica natural?

 

Una técnica accesible y que nos puede ayudar en gran cantidad de situaciones es el Shiatsu. Se trata de la estimulación mediante un masaje de determinados puntos del cuerpo humano. Para ello, se utiliza simplemente la presión de los dedos. El shiatsu busca eliminar los factores que producen la fatiga, además de gran cantidad de dolencias, con lo que podemos probarlo sin compromiso, y ver si nos funciona. En occidente se considera una técnica cuyos resultados no son científicamente comprobables, y por tanto, una técnica “espitirual”. En oriente, en cambio, para ejercer como terapeuta de Shiatsu hay que estudiar un programa educativo autorizado por el ministerio de Salud. En Japón, por ejemplo, el Shiatsu está reconocido como terapia. ¿A quién hacemos caso entonces?

 

Personalmente, creo que lo mejor es comprobarlo en persona, y determinar si nos funciona realmente, dejándonos en mano del terapeuta con la mente abierta. Esa fue mi actitud cuando probé por primera vez ésta técnica oriental. Pese a no considerarme una persona escéptica cuando se trata de técnicas alternativas, probé el Shiatsu sin mucho convencimiento, simplemente por probar. Tras hablar con el terapeuta y explicarle mis dolencias, me tumbé en el suelo y cerré los ojos. Durante todo el proceso los mantuve cerrados, y noté cómo una especie de calor bajaba por las manos del terapeuta hasta mis puntos corporales, los cuales absorbían la sensación, sin yo saber si realmente había contacto entre sus manos y mi cuerpo. Durante una hora que me pasó como un día, estuve abstraído, notando y no notando el calor, pensando y no pensando. Finalmente, volví paulatinamente a despertar, abriendo los ojos e intentando recordar dónde estaba. Una ligera sensación de placer recorría mi cuerpo, y el resto del día no pude quitarme la sonrisa de la cara. Definitivamente, el masaje tuvo un efecto en mí, y aunque por desgracia no continué con la terapia, estoy seguro de que en mi caso hubiera funcionado.

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