Yoga Barcelona

98 días siendo una instructora de yoga

28 días. 28 días no son nada. En el gran esquema de nuestra vida, cuando hablamos sobre nuestro tiempo de existencia, veintiocho días no son nada realmente. Sólo una pequeña fracción en el gran fenómeno que es nuestra vida. Y aun así, en veintiocho días todo tu mundo puede cambiar y cualquier cosa puede pasar. Y así ha sido para mí.

98 días. 98 días han pasado desde que completé mi Curso Intensivo de Profesora de Hot Vinyasa en Yogalinda. Si todo puede cambiar en tan poco espacio de tiempo como son 28 días, imagina las posibilidades que te esperan en noventa y ocho.

¿Cuáles son los enormes cambios entonces? ¿Cómo ha podido cambiar tanto mi vida en los pasados tres meses?

Puedo decir con seguridad que no hay un solo aspecto de mi vida que no se haya visto afectado por mi experiencia desde que empecé mi entrenamiento como profesora en el mes de octubre. Con esto no quiero decir que todo ha sido un camino de rosas. He tenido altibajos durante el camino. Sin embargo, estoy segura que cada una de las experiencias me ha ayudado a seguir mi verdadero camino en la vida, y a llegar a un futuro más claro.

Para empezar, fui bendecida con la oportunidad de empezar a enseñar justo después de completar mi curso en noviembre. Gracias a Heather el estudio Yogalinda pasó de ser mi escuela a acoger mi primera clase como profesora de yoga. Al mismo tiempo que estaba con ganas de empezar, el miedo de ejercer como profesora no fue fácil de superar. Cómo para muchos de nosotros, la llegada de grandes oportunidades suele ser también fuente de gran ansiedad. Ésta situación es un ejemplo maravilloso. He luchado contra la ansiedad durante largo tiempo, y el yoga siempre ha sido una salida para mí. Sin embargo, cuando me enfronté al desafío de liderar una clase, sentí cómo la presión se apoderaba de mí. Pasé las primeras clases intentando mantenerme calmada, delante de toda la clase, mientras mis alumnos me observaban con expectación. Mi respiración era rápida, las manos me temblaban, y mezclaba constantemente inhalación con exhalación, pero lo conseguí. Tras las primeras tres clases, mi ansiedad empezó a desmoronarse y tras ella aparecieron la confianza y la habilidad. Ahora, miro las clases y las secuencias con ilusión, en vez de terminar en un frenesí nervioso. Finalmente siento que me he ganado mi derecho a ser llamada profesora de yoga, y con el tiempo, siento que mis habilidades solamente pueden mejorar.

Por mucho que aprendí dentro del estudio, fuera de clase fue donde realmente noté el crecimiento que había experimentado. El entrenamiento para ser profesor es tan duro que durante 28 días prácticamente respiras, comes y duermes con el yoga. Al finalizar, mi cuerpo estaba sano y limpio, desintoxicado, y mi mente se benefició aún más. Lo que nadie mencionó es lo fácil que resulta caer de este estilo de vida cuando te reinsertas en la rutina del mundo ajeno al yoga. La primera semana después del entrenamiento es un descanso; una oportunidad de relajarte y recuperarte. Mi problema fue que me lo cogí demasiado al pie de la letra. Pasé de practicar yoga 6 días a la semana a llegar a duras penas a los 2 días, y mi rutina de dieta y vida sana empezó a tambalearse. Seguro que no ayudó el hecho de que justo después del curso vinieron el Día de Acción de Gracias y las Navidades, lo que supuso multitud de comidas familiares, beber alguna copa de más, etc. Cuando el 2016 llamó a la puerta, sentía que todos mis progresos se habían esfumado por mi culpa. Pasé de sentirme como mejor me he sentido nunca a empalmar tres semanas consecutivas de virus, empezando por una bronquitis y terminando con fiebre y dolor estomacal. Por mucho que quisiera culpar a alguien de todo aquello, lo cierto es que la única culpable era yo, y eso me hacía sentir decepcionada.

Aquí es donde ocurrió el milagro, y todo lo que el entrenamiento de yoga me enseñó, salió a relucir. En vez de caer de nuevo en viejos hábitos y dejar que la sensación de derrota evolucionara en una excusa para rendirme, canalizé la experiencia de mi entrenamiento y la enfoqué en redescubrir mi pasión por la vida, por el yoga y por mi bienestar. Para empezar, me hice cargo de mi dieta y mis hábitos en casa, antes de sumergirme en un desafío en el estudio para llevar mi cuerpo y mente de nuevo al buen camino. No hay nada peor que ver cómo tu salud se resiente por tu propia culpa, y sentí que la experiencia y el conocimiento que absorbí en mi entrenamiento me permitió reconocer y atajar el problema antes de que pasara a ser algo peor.

Hoy, tengo nuevas esperanzas, mirando al horizonte, y el yoga me ayuda a llegar hasta donde yo quiero. Actualmente estoy trabajando en la construcción de un pequeño negocio de yoga, ofreciendo actividad al aire libre, clases privadas y talleres especiales, que espero empiecen en la próxima primavera. A pesar de que esto es una profesión temporal para mí (soy graduada, después de todo) la experiencia me ha aportado muy buenas ideas y planes de negocio para mi futura carrera. Mi pasión por el yoga, la meditación y la vida saludable son ahora el motor de mis ganas, las que me ayudan a perseguir mi sueño de trabajar en un centro terapéutico para adolescentes. He recibido un increíble apoyo de mis estudiantes y colegas de profesión, y solamente espero que sea así por mucho tiempo.

Quizás todos estos cambios no parezcan tan radicales cómo os habéis imaginado, pero eso es gracias a que cada persona es recompensada de modo diferente por el intenso entrenamiento de yoga. Estos pequeños cambios en mi vida son cosas que he ido evitando durante mucho tiempo, y ahora finalmente estoy avanzando. Tras discutirlo con mis compañeros del curso, todos llegamos a la conclusión que, inevitablemente, cada uno de nosotros vio cambios importantes en su vida tras el entrenamiento. Algunos cambios quizás son pequeños, otros grandes, pero en definitiva todos han ayudado a cambiar nuestras vidas y la forma de ver el mundo en el que nos encontramos.

Así que, ¿cuál es la diferencia que marcan 28 días, además de un cuerpo fuerte y un certificado? He tomado el rumbo de mi vida, mi salud y mi futuro; eso es lo que 28 días pueden hacer.

by Meagan Maria Klein/ Certificada en 200 horas como profesora Hot Yoga en Yogalinda en 2015

2 comentarios
  1. Me ha gustado mucho tu relato. Es muy inspirador.
    Te deseo que continúes adelante con mucho éxito y mucha luz!

  2. Hola! Muchas gracias por compartir con nosotros tus experiencias! Un par de veces me sentí si estarías hablando sobre mí :)
    Por casualidades (o causalidades??) de la vida aparecí en la India. Y de una me metí a hablar con gente que tiene en el famoso Rishikesh una escuela de yoga…Perdida despues de tres semanas del exigente turismo por Nueva Delhí y Rajastan, llegué a Rishikesh con esperanza…de yoga y sabiduría. Pero sin conocer estos chicos de la escuela creo que me sentiría más perdida :)
    Ahora estoy pensando de cambiar mis planes y quedarme hacer el curso de profesora de yoga con ellos, aunque no me interesa en este momento la posibilidad de esnsenar sino hacerlo para mi. Como escribes, para recoger más fuerzas y conocimientos para algunos cambios en mi vida que siento necesarios. Y pues, creo que en la cuna de yoga y la supuesta capital mundial de este arte aquí en Rishikesh debería ser todavía más fuerte… O no?

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