Yoga Barcelona

Experiencia semana a semana de una nueva profesora como aprendiz en Yogalinda: Día 1

Mi primer día

4 de septiembre de 2017

Antes:

Cuando digo “mi primer día” me refiero a enseñar en un estudio real, con personas que no fueran mi madre o mi hermana.

Hace solo cinco semanas antes me gradué de mi entrenamiento de 200 horas en Yogalinda con Heather Anderson y Lezanne Stuart como profesoras, quienes me guiaron a través de una increíble jornada de autoexploración. Tener la oportunidad de enseñar a otras personas en donde yo fui entrenada (y continuar aprendiendo) es un regalo increíble.

Los primeros días pueden ser aterradores y emocionantes al mismo tiempo.

Los días previos estuve inmersa en el auto entrenamiento, practicando con mi familia, leyendo y releyendo libros y apuntes, escribiendo ideas y viendo videos para alentarme: “Estaré bien”. Seguí riendo (y llorando) por lo relajado que había sido mi mes de agosto, pensando que podría haber practicado más o tal vez, podría haber intentado incrementar mi terminología de sánscrito (que es mínima, por decir poca).

Pensaba en de la universidad y lo fácil que me fue cursarla, pero cuando era el momento de presentar mis propias investigaciones todo se volvía mucho más personal y me era difícil de compartirlo con los demás. Al enseñar yoga tengo la misma sensación, los mismos nervios. Para mí, el yoga es personal y como profesora debo compartir mis ideas en clases, lo que puede ser abrumador.

Llegué entonces a mi primer día de clase y Heather me preguntó: “¿estás relajada, cierto?”. Le dije que estaba nerviosa, pero relajada. Lo cual era verdad, pero una parte de mi pensaba: “¡No estoy relajada!” “¿No puedes ver que estoy aterrada? Ayúdame, dame tips, consejos de motivación” Pero esto no era lo que mejor “me ayudaría a crecer. Pienso que tener consciencia de mis sentimientos y tener que trabajar con ellos realmente me ayudó a enseñar. Cuando algo nos importa y queremos esforzarnos en algo, ¡es normal estar nervioso!

Después contemplé en dónde debía poner mi mat, y Heather dijo: “estoy segura de que en donde sea que lo pongas enseñarás muy bien”. Después de lo que me pareció una eternidad me senté en el estudio a meditar. Todo estaba organizado y listo. Solo necesité respirar y estar presente, exactamente lo que espero compartir con las personas.

Solo debía respirar, disfrutar, sonreír y ser yo misma…Y recordar toda la secuencia que tenía planeada.

Después

Miré a mis estudiantes esperando que hubieran disfrutado de la clase. Esperando que hubieran disfrutado del reto, pero que también estuvieran relajados y tranquilos. Esperando que hubieran entendido mis indicaciones y que yo les hubiera gustado. Y en verdad, esperanzada en que mi mentora hubiera disfrutado la clase.

Heather fue maravillosa, inspiradora y receptora, y me ayudó a sentir más confianza. Ella me dio un feedback positivo y lleno de orgullo, y también “críticas amorosas” y “recordatorios”. Me habló sobre algunas cosas que yo había olvidado o mezclado (como, por ejemplo, usar el reloj para explicar la posición de las manos en media luna). Me ayudó a aumentar mi confianza invitándome a una de sus clases. Me habló acerca de la voz de mi conciencia (que, como se pueden imaginar en el inicio mi voz estaba muy callada), de las secuencias y los tiempos.

En general, sobre el primer día— Estoy muy orgullosa de mí misma por dar este paso y salir del cascarón a través de una jornada de entrenamiento. Y estoy muy agradecida por esta experiencia.  Aprendí mucho y espero, con mucho gusto, las lecciones que aprenderé la siguiente semana. Es todo un viaje y con cada clase puedo aprender más y más a ser una mejor profesora.

Gracias por la lectura y el apoyo,

Namaste.

Kasaundra Williams

Certificada en 200 horas  como profesora Hot Yoga en junio 2017

Lee aquí el Día 2 de la experiencia de Kasaundra

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